domingo, 23 de febrero de 2014

Breves historias de las capitales andaluzas


Almería

La historia de Almería se remonta a un poblado prehistórico emplazado en la zona del Cerro de la Alcazaba en la Edad de Bronce. Lugar a donde los fenicios también se establecieron al igual que los romanos en el siglo I.
De todas maneras, hasta que los musulmanes en el siglo IX, por encomienda de Abd al-Rahman, no se ocupan de vigilar las costas para evitar el desembarco de normandos, no se conocen apenas cosas de Almería.
En lo más alto del Cerro de la Alcazaba se establece una torre de vigilancia, de la que proviene el nombre de la ciudad: Al-mariyat Bayyana.

Pero fue en el 955 cuando se funda la ciudad y Abderramán III ordena construir una fortaleza para defender la zona del califato fatimí, oriundo de Túnez. Con lo que la Alcazaba puede albergar un destacamento de unos 20,000 hombres.
La reconquista de Almería la llevan a cabo los Reyes Católicos en 1489, que aunque fue prosperando, en el siglo XVI sufre un retroceso, sobre todo por el seísmo del 1522 que redujo a la población en 700 habitantes. No siendo hasta el siglo XI cuando se recupera gracias a la apertura comercial y de expansión minera.  


Cádiz

La ciudad de Cádiz está marcada por su estrategia militar y comercial, pues se haya  en el Atlántico y parte de su provincia en el mediterráneo. Tanto es así, que los fenicios la fundaron con el nombre de Gadir, que significaba recinto amurallado.
De allí partió Aníbal para conquistar Roma y fue precisamente Julio césar quien le concedió el título de “civitas federata”, alcanzado una gran prosperidad en la época romana, así se construyen anfiteatros, acueductos entre otros importantes servicios.

Con la caída del Imperio romano en el siglo III, Gades también se ve arrastrada con él. En el año 522 es conquistada por los bizantinos y a estos se la arrebatan los visigodos en el 620, siendo invadida por las tropas musulmanas de Tariq Ibn Ziyad en el 711 en la batalla del Guadalete.
La reconquista por los reyes cristianos y su incorporación a la corona de Castilla en 1264 y sobre todo cuando por fin se establece que en la Bahía de Cádiz estén los Astilleros Reales, hace que tome impulso de expansión propiciado por el Descubrimiento de América.


En la ciudad se estableció el monopolio comercial con América, fue sede de la Casa de Contratación y Flota de Indias. Y en lo político es de gran importancia el establecimiento de la Constitución Española el 19 de marzo del 1812, (conocida popularmente como La Pepa) en las Cortes de Cádiz.
Córdoba

La ocupación de la zona donde se encuentra Córdoba se remonta a los siglos IX y VII a.C., al final de la Edad de Bronce, incluso al Paleolítico, afianzándose con la llegada de los fenicios y griegos a la península gracias a la navegabilidad del río Guadalquivir.

Pero no fue hasta mediados del siglo II a.C., entre el 169 y 153 según Estrabón, cuando se hace sentir gracias al general romano Claudio Marcelo, siendo éste quien la designa como Capital de la Hispania Ulterior, y conocida por haber dado al Imperio grandes filósofos como Séneca, y poetas como Lucano. No obstante, fue con el mandato de Cesar Augusto cuando Córdoba alcanza mayor relevancia, proliferando la construcción de monumentos y mejoras de infraestructuras públicas, prueba de ello son los restos del anfiteatro y templos situados en la calle Claudio Marcelo y la construcción del puente por donde discurría la Vía Augusta, un circo, un teatro sólo 6 metros más pequeño que el de Roma y el anfiteatro más grande del Imperio.

De todas maneras no alcanzó su esplendor hasta que los árabes invadieron la península ibérica en el año 711 y Mugit, el lugarteniente de Tariq, tomó Córdoba, y en el 756 Abd al-Rahman I la proclamara capital del independiente de Al-Andalus e iniciara la construcción de la Mezquita sobre la basílica de San Vicente.
Pero llegó a ser la capital del Emirato Independiente de Damasco y del Califato Omeya de occidente a partir de que Abd al-Rahman III el 16 de enero del 929. Siendo este califa quien procediera a la construcción de Medina Azahara.

Así en el siglo X es una de las capitales más grandes del mundo y centro cultural con una biblioteca con más de 400,000 volúmenes. Política y económicamente alcanzó su gran esplendor durante el reinado de Alhakam II, hijo de Abd al-Rahman III, y de su hijo HIxam II, cuando se llevó a cabo la ampliación de la famosa Mezquita. Sin embargo, a partir de la muerte de Almanzor, Córdoba empezó a decaer, sobre todo en el 1013 cuando se derrumbó el califato y se convirtió en reino de taifa. 

Es reconquistada para los cristianos por Fernando III El Santo el 29 de junio del 1236 proyectándose la construcción de 14 iglesias, siete en la Medina (Villa) y otras tantas en la Ajarquía.
La enorme población de Córdoba con el califato, se vio mermada con la aparición de la peste negra en el 1349 y su repetición quince años después. Pero resurgió un siglo después con los Reyes Católicos, quienes recibieron aquí a Cristobal Colón para hablar del proyecto de su viaje a las Indias.

Siglos posteriores, Felipe II, tratando de restablecer la importancia de Córdoba, mandó construir las Caballerizas Reales, pero los siguientes monarcas poco se ocuparon de la ciudad, no siendo hasta mediados del siglo XX cuando Córdoba recupera el esplendor de su economía y crecimiento de la población, consiguiendo ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

Granada

Los primeros asentamientos los hicieron los túrculos, tribus ibéricas cultas y avanzadas, pues llegaron a disponer en el siglo V a.C. de una Ceca en la que acuñaron monedas.
Parece ser que los primeros núcleos de población se establecieron en lo que hoy es el barrio del Realejo y la ladera del Albaycin hacia el río Darro. Lugar este último que ocuparon los romanos según demuestran los restos hallados en el lugar, como pavimentos, restos de estatuas, columnas y cimentaciones de edificios.


Según algunos historiadores, a mediados del primer siglo, llegó a la ciudad San Cecilio y otros discípulos más de San Pedro, levantando iglesias que luego serían arrasadas con la invasión musulmana en el 712. Ahora bien, antes de ello habría de destacarse que en el siglo IV se celebró el Concilio de Elvira o Granada, en el que intervino Osio, el obispo de Córdoba, y propuso el texto de la oración del Credo.

Poco después de que Tariq invadiera la península, y establecidos en la ciudad, el gobernador de Elvira, Abd-al-Rahman al-Xaybani, mandó reconstruir la antigua alcazaba sobre el Albaycin, así como las Torres Bermejas. Y sobre todo la Alhambra, que asombró a oriente y occidente.
Pero en el 1013, aún dependiendo del Califato de Córdoba, el noble musulmán Zawi-ben-Zin fundó el primitivo Reino de Granada, constituyéndose el primer rey de la dinastía Ziri. Sin embargo, tras 150 años de guerras entre las dinastías almorávides y almohades, se produjo la instauración de la dinastías Nazarí que duró hasta la rendición de Granada a los Reyes Católicos el 2 de enero del 1492.


Huelva

Fuente romana reconstruida
Entre el 3000 y 2500 antes de Cristo, habitaron en la zona un pueblo anterior a los tartesos, pero fue aquí donde se desarrolló la cultura que trajeron los Tartessos, pueblo mítico al que se hacen referencias de haberse relacionado con los habitantes de la desaparecida Atlántica, según cuenta el clásico griego Estrabón.
Pero los Tartessos también desaparecieron misteriosamente no sin antes haber desarrollado una basta cultura y explotación de las ricas minas de cobre. Riqueza esta que también atrajo a los romanos y más adelante a los visigodos.
Sin embargo, casi todos los historiadores coinciden en señalar el año 1,000 a.C. como el de la fundación de Onoba por los fenicios
En realidad a todos los pueblos invasores les atrae la riqueza minera, por eso los musulmanes en el siglo VIII no iban a ser menos. Hasta que Alfonso X el Sabio la reconquistó, por cierto empleando por primera vez España la pólvora en la batalla de Niebla.
Pero además de por sus minas, a Huelva se la conoce mundialmente por haber partido desde sus costas las naves de los hermanos Pinzones rumbo a América, gracias al empeño de Cristóbal Colón y el apoyo total de los Reyes Católicos.
Pero no creamos que se olvidaron de sus minas, en el siglo XIX, los ingleses interesados en aquellos metales, establecieron diversas empresas mineras, y eso sí, trajeron el deporte rey, el futbol, fundando el primer equipo español. El Recreativo de Huelva.

Jaén

La presencia humana en la zona se remonta al final del Neolítico, destacando la presencia íbera en el cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas que fue abandonada antes de la guerras púnicas. Sin olvidar que otro asentamiento importante se produjo en las laderas de lo que es hoy el Castillo de Santa Catalina.

Siendo zona de paso, se la disputaban griegos y fenicios. Recordando que Jaén fue alcázar para Aníbal, azote de los romanos. No obstante, en el 207 a.C. la ciudad fue tomada por Publio Cornelio Escipión el Africano que se la arrebata a los cartagineses. Sea una prueba de la presencia romana el yacimiento de Marroquíes Bajos.

Con la invasión musulmana, Jaén se convierte en reino Taifa, levantando mezquitas, fortificaciones y palacios. Pero con la reconquista en 1246 por el rey Fernando III el Santo, que ya lo intentó en el 1225, la ciudad pasa a ser cristiana, ampliando y reformado la Alcazaba de Aníbal, transformándola en el Castillo. Por cierto que su nombre proviene de la capilla dedicada a Santa Catalina que se construyó entre los siglos XIII y XIV.

En la edad moderna también tuvo un papel predominante en la Guerra de la Independencia
Málaga
Cuando llegaron los fenicios, fundaron la colonia de Malaka sobre el poblado bástufo que había en la zona. Más tarde con la llegada de los romanos la ciudad se regió por el código especial Lex Flavia Malacitana. 

Y cuando aquel imperio de Roma decayó, la dominaron los pueblos germanos y de Bizancio.
Ya en la dominación árabe, Málaqa fue una ciudad amurallada con barrios de comerciantes genoveses y judíos. Siendo un reino de Taifa Hammudí, fue asediada por los Reyes Católicos en 1487 y conquistada propiciando el declive del reino Nazarí de Granada.

En el siglo XVIII prospera tras unos siglos de decaimiento, llegando a ser en el siglo siguiente una ciudad pionera en la Península de revolución industrial, al igual que también en lo político.

Sevilla


Los primeros datos que se tienen de Sevilla se remontan al pueblo Tartesso en el siglo VIII a.C. en la zona de “El Carambolo”, donde parece ser que había minas de oro. Tanto que las naves fenicias y griegas subían a través del río en busca de esos preciosos metales.




Pero el esplendor de Sevilla se alcanzó con los romanos, tras vencer en el 206 a.C. a Escipión el Africano. Roma destaca a Hispalis como una gran urbe como capital mercantil y construye en las afueras una colonia aristocrática denominada Itálica, cuna de importantes emperadores como Trajano y Adriano. Si bien cuentan que fue el mismo Hércules quien pidió a Julio César que designara a Hispalis.

Pero con la caída del Imperio romano, el visigodo Gunderico la tomaría en el 426, continuando la preferencia de los visigodos por esta ciudad. Al igual que, en menor cuantía, pues la preferencia fue de Córdoba, los musulmanes también la destacó entre otras ciudades.

Sin embargo, el esplendor vendría de la mano del rey Fernando III el Santo, que tras 15 meses de asedio la conquistó a los árabes en el 1248. Y allí se instala hasta su muerte, sucediéndole su hijo Alfonso X el Sabio y escribe el lema famoso de NO&DO.

Posteriormente, con el descubrimiento de América, vuelve a resurgir Sevilla, donde a sus muelles llegan los arcos procedentes de aquellas tierras y se controlan los movimientos y riquezas del nuevo mundo.